¿Primero los de casa?

¿Primero los de casa?

Los recortes practicados por la Generalitat de Catalunya en las políticas públicas de cooperación, derechos humanos y paz suponen un retroceso sin precendentes en estos ámbitos. Artículo aparecido en el diario ARA el 26/9/2012 y firmado por Pere Ortega como Presidente de la Federació Catalana d’ONG per la Pau.

La ayuda gubernamental de Cataluña a la cooperación al desarrollo, a la construcción de paz y la implementación de los derechos humanos está en vías de extinción.

La principal aportación de fondos que surgía de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD), dependiente de la Generalitat de Cataluña, ha retrocedido en cuatro años, de 2008 a 2012, de 69 millones de euros a 9,7 millones. Una reducción del 86%, de la cual, un 18% corresponde al gobierno de la etapa del tripartito y un 68% al actual bipartito. Pero este enorme recorte se ha visto agravado por el impago (13 millones de euros) por falta de tesorería de la ACCD de los proyectos aprobados y que ha obligado a la mayoría de las ONG a suspender sus programas de cooperación.

Esta situación nos obliga a reflexionar sobre qué clase de país queremos construir. La sociedad civil, a través del movimiento de las ONG y con el esfuerzo de mucha gente, empujaron las reivindicaciones de las campañas por el 0,7% y +, Pobreza cero, Abolición de la Deuda Externa. Movilizaciones, que lograron que finalmente las administraciones públicas dedicaran recursos para construir políticas públicas de solidaridad con los pueblos más desfavorecidos. Un trabajo que ahora, debido a una coyuntura económica desfavorable, se ha visto sacrificada y ha quedado en una situación residual.

Este recorte deja sin importantes recursos a muchas ONG y conllevará la desaparición de aquellas que no tienen otro tipo de financiación. Pero esto no es una lamentación egoísta, por aquello de que vivían de las subvenciones públicas, sino que será especialmente nocivo porque se abandonarán las campañas de sensibilización y educación al interior de la sociedad catalana, y ello, dejará sin cobertura los valores que defendían de solidaridad, cooperación, paz y derechos humanos, que a su vez daban mucha cohesión social dentro de Cataluña respecto a los más desposeídos del planeta.

Alrededor de los recortes que golpean todas las coberturas sociales, lo más preocupante es el argumento esgrimido por algunos políticos y tertulianos. Es aquel que dice que «primero son los de casa». Como si la casa en la que vivimos no fuera común, el planeta, y como si la globalización no fuera irreversible, porque nos afecta por igual a todas las comunidades que convivimos en un mundo en el que todo está interconectado. Porque lo que pasa a miles de kilómetros nos afecta también a los catalanes. Sino pensemos: ¿Por qué vienen los inmigrantes? ¿Por qué se funden los polos? ¿Por qué hay guerras por el petróleo? ¿Por qué hay hambre en el mundo?

La crisis económica no es una razón suficiente para condenar a la desaparición las políticas públicas de cooperación al desarrollo, la paz y los derechos humanos. Todo lo que no hagamos en estos ámbitos representará retroceder en seguridad humana. Lo que Naciones Unidas ha definido como parte fundamental del desarrollo, un concepto integral que pone al ser humano como sujeto principal de la seguridad y muy alejado del concepto clásico de seguridad basado en la defensa del Estado / Nación.

Las Políticas públicas tienen que implementarse a través de organismos oficiales (agencias e institutos) con la complementariedad de la sociedad civil (ONG) y con el objetivo de sensibilizar a la sociedad catalana para crear las condiciones para eliminar las enormes desigualdades existentes en el mundo y hacerlo más habitable.

Las políticas equivocadas que, en el pasado, han practicado los estados respecto a lo que se denominaba Tercer Mundo, ya hemos visto cómo nos era devuelto con inseguridad. Por un lado, porque muchas de las guerras, del hambre y también del terrorismo que hoy afectan a «Occidente» han sido provocadas por el apoyo a regímenes corruptos, represores de libertades y derechos humanos, y por otra, por el egoísmo, es decir, por el trato desigual en las relaciones comerciales entre un Norte rico y un Sur empobrecido, practicado para mantener un sistema de vida con un nivel de consumo superior a nuestras necesidades.

La mejor manera de revertir esta situación es a través de políticas públicas de cooperación con los más necesitados. Abandonarlas, lo acabaremos pagando a un precio mucho más alto: la disminución de la cohesión social interna respecto a los valores de la solidaridad entre los pueblos, el retorno a las políticas de seguridad «nacional» frente a la seguridad «humana». La solidaridad es el único camino que nos puede asegurar una convivencia y un equilibrio entre los diferentes pueblos y culturas del mundo.



 26/09/2012

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