Eliminemos ya las armas nucleares

Eliminemos ya las armas nucleares
Activistas en Hiroshima, ICAN/2012

En diciembre de 2013 la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 26 de septiembre como Día Internacional para la eliminación total de las armas nucleares. Esta decisión es el reflejo del incremento, tanto a nivel ciudadano como institucional, de una corriente contraria a la existencia de armamento nuclear. Y dicho incremento se debe, en buena parte, al mayor grado de conocimiento, por parte de la comunidad internacional, de los riesgos humanitarios y medioambientales derivados del uso, aunque fuera accidental, de las armas nucleares y de la falta de capacidad de asistencia adecuada a los sobrevivientes.

Se estima que actualmente hay unas 16.000 bombas nucleares. EEUU y Rusia poseen el 90%. Los otros siete estados nuclearmente armados (China. Francia, Gran Bretaña, Pakistán, India, Israel y Corea del Norte) tienen el 10% restante. El arsenal nuclear mundial, durante la Guerra Fría, llegó a la cifra de 60.000 bombas. Ha habido, pues, una disminución muy notable, pero no ha ido acompañada de una disminución equivalente del peligro real de las armas nucleares. Efectivamente, la explosión de una sola bomba nuclear sobre una ciudad provocaría una catástrofe humanitaria de tal magnitud que las infraestructuras sanitarias y de emergencia serían incapaces de atender a los supervivientes. De esta situación, aplicable incluso a los países más desarrollados, nos alertan varios informes de la ONU y de la Cruz Roja.

El pasado agosto se cumplieron 70 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, que provocaron la muerte de 150.000 personas en Hiroshima (la mitad de la población) y de 75.000 en Nagasaki, la mayoría civiles y sobre todo mujeres. Las bombas mataron de forma instantánea a muchísima gente, pero también causaron más tarde muchas otras muertes a consecuencia de las heridas y de los efectos retardados de la lluvia radiactiva posterior. Además, los efectos de la radiación se han transmitido a generaciones posteriores. Un informe de la Cruz Roja japonesa revela que sus hospitales, aún hoy, 70 años después, continúan atendiendo cada año a miles de supervivientes y a miles de hijos de esos supervivientes.

En caso de un conflicto bélico nuclear, en el que explotara no una bomba, sino el equivalente al 1% del arsenal mundial, los efectos serían de alcance planetario. Estudios científicos de modelización climática indican que, en caso de la explosión de unas 100 bombas de la potencia de la lanzada sobre Hiroshima, habría un cambio sustancial del clima global (no restringido a la zona de explosión, sino que afectaría todo el planeta). Las disminuciones de temperatura y pluviosidad provocarían una caída drástica de la producción agrícola y llevaría a más de 2.000 millones de personas a una situación de riesgo alimentario.

A pesar de la información tan deficiente que nos llega, sabemos que ha habido accidentes relacionados con armamento nuclear, errores humanos, técnicos, de desinformación o interpretación errónea, que podrían haber desencadenado un conflicto bélico nuclear. Mientras haya armas nucleares, estaremos bajo la amenaza de este riesgo completamente real.

Hemos dicho más arriba que el número de armas nucleares se ha reducido mucho, pero las armas actuales son mucho más potentes y mucho más eficaces. Las armas nucleares se han ido perfeccionando continuamente y los estados nucleares destinan a ello mucho dinero. Una evidencia de que esos estados no tienen voluntad de desarmarse. Tanto es así que, actualmente, el gasto mundial destinado a renovación y modernización del arsenal nuclear, aumenta. Por ejemplo, EEUU prevé destinar un millón de millones de dólares en los próximos 30 años. Es importante destacar que este presupuesto se presentó antes del inicio del conflicto de Ucrania. No hacen falta, pues, tensiones entre estados nucleares para que se planteen presupuestos de esa envergadura.

Varios encuentros internacionales celebrados los últimos años han evaluado con profundidad los efectos humanitarios derivados de una explosión nuclear y han contribuido a la visibilización del problema y a la concienciación de la necesidad urgente de prohibir las armas nucleares. Son las Conferencias Internacionales sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares (Oslo 2013, Nayarit -México-, principios de 2014 y Viena, diciembre de 2014).

Este mayor conocimiento sobre las consecuencias catastróficas del uso del armamento nuclear ha fortalecido el movimiento antinuclear. La meta es lograr un tratado de prohibición y eliminación total de las armas nucleares. Si un tratado de estas características se consiguió para las armas biológicas y para las armas químicas, también se puede conseguir para las armas nucleares.



 30/09/2015


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