La venda en los ojos

La venda en los ojos

El día internacional de la Madre Tierra que se celebra el 22 de abril y que fue instaurado en 2009 por la Asamblea General de Naciones Unidas, puede ser un buen momento para la reflexión.

Vamos de mal en peor ya desde antes de 2009, y desgraciadamente estamos entrando en un camino sin retorno. El aumento de las temperaturas está modificando los patrones climáticos de manera profunda y extrema, con alteraciones que tienen repercusiones directas en la habitabilidad de los territorios y en el mantenimiento de condiciones de vida dignas y sostenibles para todas las personas. Millones de personas ya están experimentando las desastrosas consecuencias del calentamiento global. Nos enfrentamos a un reto gigantesco, una crisis existencial de dimensiones increíbles que la sociedad no acaba de aceptar a pesar de los mensajes que nos llegan de la comunidad científica. La pandemia, la sequía y el calor estival son solo un pequeño adelanto de lo que sufrirán nuestros nietos y en especial la gente del Sur Global.

La humanidad está en un dilema radical. Los verdaderos desafíos actuales que ya destruyen el Sur Global (crisis climática, pandemias, deforestación, inundaciones, pérdida de biodiversidad y muchos más) son globales y transfronterizos. Estamos a las puertas de un problema existencial que puede afectar gravemente nuestro futuro como especie. Son problemas globales que lógicamente requerirían soluciones coordinadas a nivel planetario. Sin embargo, nuestro grado de estupidez es tal que la venda que llevamos con gusto solo nos permite ver el ombligo. En la olla sofocante en la que vivimos, en vez de entre todos apagar el fuego planetario aumentamos el gasto militar y enviamos armas para que los unos se maten con los otros. Quien gane, eso sí, podrá gobernar dentro de unas décadas sobre las cenizas de lo que quede de la biosfera.

La carbonización de la atmósfera, el calentamiento del planeta y la crisis ambiental están fuera de control y no van a remitir en los próximos años. Son muchas las voces de la ciencia que indican que la gran transición energética habría que efectuarla esta década y que hay que dejar los combustibles fósiles bajo tierra, deteniendo extracciones, gaseoductos y demás. Pero los gobiernos no son capaces de tomar las medidas necesarias que implicarían, como explica por ejemplo Jason Hickel[1], un cambio drástico hacia una nueva economía del decrecimiento. El poder no está ya en manos de los gobiernos, sino en la gran red de intereses y poder global que incluye y conecta empresas militares y de energía fósil y que se ha ido tejiendo durante las últimas décadas[2]. Una red que promueve guerras en beneficio económico de unos pocos.

En este contexto, la seguridad militar se vuelve instrumentalmente responsable del desastre ambiental al asegurar y proteger los combustibles fósiles y los actores depredadores. El entramado militar no solo contribuye significativamente a la destrucción ambiental[3], sino que protege y mantiene el status quo. Y, en connivencia con los lobbies de la industria fósil, actúa directa e indirectamente para prevenir medidas que podrían paliar tanto la crisis ambiental planetaria como el sufrimiento de millones de personas. Lo vamos constatando semana a semana.

Ante un panorama que será catastrófico para miles de millones de personas, la Madre Tierra nos agradecería profundamente una reducción lo más significativa posible del gasto militar. Hay que reducirlo, no aumentarlo. Como pide cada año la campaña GDAMS del Comité Internacional por la Paz. Colaborar y negociar, no guerrear. Desmilitarizar, no armarse. Descontaminar, no embrutecer. Hablar y escuchar, no pretender ganar por la fuerza. Porque hoy sabemos que la descarbonización implica desmilitarización, y que ambas requieren el cambio desde las visiones patriarcales basadas en el crecimiento a nuevos planteamientos basados en economías ecofeministas y del decrecimiento.

Las decisiones políticas sobre los presupuestos de defensa determinarán la solución a las múltiples crisis en las que la humanidad se encuentra inmersa. La Tierra necesita los fondos militares y más.

[1] Jason Hickel (2020), «Less is More: How Degrowth will save the World»: https://www.jasonhickel.org/less-is-more

[2] Nick Buxton & Ben Hayes (Eds.), «The Secure and the Dispossessed», traducido al castellano por FUHEM Ecosocial (2017), «Cambio Climático S.A.»: https://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Actualidad/2017/

[3] Ver por ejemplo: https://www.sgr.org.uk/publications/estimating-military-s-global-greenhouse-gas-emissions


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Publicado en Público, el 25/04/2023
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