La espiral militarista de Estados Unidos llega a España

La espiral militarista de Estados Unidos llega a España
Ningún Ministerio alcanza un crecimiento tan destacado como el experimentado por el Ministerio de Defensa, lo que pone en evidencia el supuesto Presupuesto social del que alardea el Gobierno de coalición PSOE/Unidas Podemos.

La aprobación del Nuevo Concepto Estratégico (NCE) de la OTAN en la cumbre de Madrid de junio de 2022 vino a confirmar lo que ya se venía pergeñando por Estados Unidos respecto a la geopolítica mundial: una política de bloques a nivel planetario. En ese NCE se señalaba a Rusia, tras su invasión de Ucrania, como una amenaza para Europa y el bloque Occidental. Algo que consagra la división de Europa en dos bloques antagónicos como ya ocurrió en la etapa de la guerra fría. Después, con respecto a China y sin llegar a tanto, la NCE la señaló como una potencia desestabilizadora de los valores e intereses occidentales.

Esto es tanto como señalar a China como un peligro al que se debe hacer frente, añadiendo que se debían desplazar capacidades militares hacia el océano Pacifico y el sudeste asiático. Ambas declaraciones determinan que se ha entrado en una nueva etapa geopolítica presidida por un aumento de las tensiones políticas y militares entre potencias. Lo cual, sin duda, acarreará la aparición de conflictos, enfrentamientos armados y posibles guerras por la hegemonía mundial en otros escenarios. Algo que ya ocurre en Ucrania, donde ya se desarrolla una guerra por la hegemonía en Europa entre Rusia y Estados Unidos.

“La Unión Europea prevé un aumento del 32,7% (70.000 millones) en tres años sobre el gasto actual de 214.000 millones de los 27 países miembros

Una etapa que frustra los esfuerzos llevados a cabo por innumerables organizaciones para que el multilateralismo se impusiera por encima del unilateralismo de Estados Unidos, y que inevitablemente comportará un aumento del militarismo y del belicismo que impulsará una carrera de armamentos con el consiguiente aumento del gasto militar y la producción de armamentos. Algo que se puede constatar en los datos facilitados por el Revisión Anual Coordinada de Defensa (CARD) de la Unión Europea que prevé un aumento del 32,7% (70.000 millones) en tres años sobre el gasto actual de 214.000 millones de los 27 países miembros. 

Es en ese escenario donde el Gobierno de Pedro Sánchez, como país miembro de la OTAN y al dictado de Estados Unidos, ha decidido aumentar su gasto militar hasta alcanzar el 2% de su PIB para el año 2029. Y en su propuesta de presupuesto del Ministerio de Defensa para el próximo año 2023, aumenta un 26,3% los créditos de Defensa, para situarlo en 12.827 millones de euros. Un presupuesto que, si se le suman el resto de los créditos de Organismos Autónomos y partidas militares repartidas por otros ministerios, más la diferencia entre lo aprobado en el presupuesto inicial y lo liquidado al final de año que siempre es mucho más, y, además, la parte proporcional de los intereses de la deuda pertenecientes a inversiones en Defensa, entonces, se alcanza la colosal cifra de 27.617 millones de euros, que equivale a 75,7 millones diarios y se llega al 2,17% PIB, sobrepasando el mítico 2% al que el presidente Pedro Sánchez se comprometió en la Cumbre de la OTAN. 

Mítico, porque no existe ningún estudio que demuestre que un Estado tenga que dedicar el 1% el 2% o el 20% de su PIB a la defensa militar, sino que esta es una propuesta de Estados Unidos para sus socios europeos en la OTAN para que inviertan más en defensa y adquieran más capacidades (armamentos) militares, pues ello favorecerá a la industria militar de EE UU que tiene en Europa a su principal cliente.

El principal y más abultado aumento de gasto militar para el año 2023 se produce en las inversiones militares, tanto en el ámbito de adquisición de armamentos, como en ayudas en I+D militar a las industrias

El principal y más abultado aumento de gasto militar para el año 2023 se produce en las inversiones militares, tanto en el ámbito de adquisición de armamentos, como en ayudas en I+D militar a las industrias. De esos 27.617 millones, 7.743 se destinarán a inversiones militares, que incluyen 1.843 millones destinados a la investigación en nuevas armas (I+D militar). En su mayor parte para pagar los compromisos adquiridos con los grandes Programas Especiales de Armas (PEAs), a los que en 2023 se destinarán 4.901,7 millones, más 367,2 millones a la adquisición de repuestos y la modernización de las armas existentes, y 631 millones a la modernización de infraestructuras, instalaciones y comunicaciones militares. En definitiva, las inversiones militares representan el 30% del total de las inversiones del Estado central, sin contar las inversiones de las autonomías. Es decir, que tres de cada diez euros tendrán como destino inversiones militares.

Capítulo aparte merecen los recursos destinados a la I+D militar por su escandaloso incremento. La suma de los dos programas existentes, el que surge desde el Ministerio de Defensa y las ayudas a las industrias militares para nuevos programas de armas que salen del Ministerio de Industria asciende a 1.833,34 millones. Algo que representa un aumento de un 95,3% respecto al presupuesto de 2022. Este fabuloso incremento es debido a las aportaciones que surgen desde el Ministerio de Industria, que ve aumentada su asignación en un 126% respecto a 2022. Unos créditos que tienen como destino el desarrollo de proyectos tecnológicos industriales relacionados con los PEAs. 

Pero para tener una visión más real del peso de la investigación militar en el presupuesto del Estado, se deben observar las cantidades que se han liquidado realmente al finalizar el año, no las cantidades presupuestadas inicialmente. Las liquidaciones de la I+D civil de los últimos años indican que las cantidades realmente ejecutadas nunca han superado el 40%, mientras que la liquidación de la parte militar se aproxima o alcanza el máximo presupuestado.

Las liquidaciones de la I+D civil de los últimos años indican que las cantidades realmente ejecutadas nunca han superado el 40%, mientras que la liquidación de la parte militar se aproxima o alcanza el máximo presupuestado

Por último, el aumento del 26,3% (2.672 millones) previsto en el presupuesto de Ministerio de Defensa para 2023, contrasta con respecto a los ministerios de carácter social, o aquellos otros complementarios del desarrollo social (ciencia, universidad y cultura), dejando al margen al resto que, sin menospreciarlos, tienen un carácter institucional o económico. En todos esos ministerios se puede observar los incrementos: Derechos Sociales, 17%, Cultura, 15,9%, Clases pasivas, 13,9%, Seguridad Social, 12,9%, Inclusión, Seguridad social y Migraciones, 12,9%. Y aunque Trabajo desciende un 5,9%, también hubiera aumentado respecto a 2022, si no fuera porque las ayudas monetarias a los ERTE no tendrán continuidad en 2023. Pero ningún ministerio alcanza un crecimiento tan destacado como el experimentado por el Ministerio de Defensa, mucho más que el resto de los ministerios, y pone en evidencia el supuesto Presupuesto social del que alardea el Gobierno de coalición PSOE/Unidas Podemos.

En numerosos escritos anteriores del Centro Delás, como también por parte de prestigiosos analistas, en especial de Estados Unidos  —Kenneth Bouilding, Seymour Melman, Wassily Leontief y Heidi W. Garret-Pettier entre otros— señalan que el gasto militar es, desde el punto de vista económico y social, destructivo en riqueza, pues los recursos destinados a la producción de armas representan una pérdida de oportunidad. Y en ese sentido destruyen economía productiva, la real, pues las armas no son bienes de consumo que circulen en el mercado y por tanto pierden su valor social ya que solo las adquieren los Estados, produciendo endeudamiento por parte del Estado debido a las grandes inversiones que necesitan. También déficit fiscal, pues esas inversiones no reciben contraprestaciones fiscales y acaban produciendo inflación. Inversiones en armamentos que se justifican por parte del Gobierno español porque crean empleo, cuando existen rigurosos estudios que afirman lo contrario, que en el ámbito civil esas inversiones crearían más empleo y de mejor calidad.

Unas inversiones que además son antisociales, al enfrentar la fabricación de bienes de consumo a productos que no lo son como es el caso de las armas. Una afirmación que describió con acierto Marx al diferenciar entre valor de cambio, los productos que se intercambian en el mercado, y los que solo tenían valor de uso, como es el caso de las armas, pues nadie se puede comprar un arma pesada (fragata, tanque o avión de combate) y en consecuencia carecen de valor social.



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